Isla de las tentaciones: La ciencia tras el nuevo ‘polígrafo’

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Siete preguntas, siete pruebas «de alta precisión» que componen la Estación neurológica, que usa como herramienta base el famoso polígrafo, y Rubén, participante de La isla de las tentaciones. Todo esto para saber si el concursante del programa contestaba la verdad.
La Estación neurológica llegó al nuevo programa de Cuatro, La habitación del pánico, de la mano de Neurologyca, una empresa española especializada en neuromárketing. La productora del programa «buscaba de nosotros, y lo que nos pidieron, fue saber si podíamos poner un dato más relevante, más formal y más científico detrás de todo lo que es palabras, comentarios, subjetividad en el momento en el que estás en un plató de televisión», explica por teléfono Juan Graña, CEO de Neurologyca y experto en neuromarketing. «Nosotros lo que podemos hacer en este caso, que fue nuestra postura y nuestra actitud, es darle un cierto dato científico y una interpretación formal a un mundo del espectáculo que está siendo un poco más informal», añade. Entonces, ¿es la Estación neurológica la nueva máquina de la verdad? ¿Cuánto de ciencia hay detrás?

¿Qué mide la ‘Estación neurológica’?
La Estación neurológica está compuesta por siete herramientas: electroencefalograma, GSR, cardio, codificación facial, pupilometría, movimientos de cabeza y registro visual. Todo esto mide las respuestas tanto físicas como psíquicas que al ojo pueden sernos indetectables ante unos estímulos externos. En el caso de Rubén, además de las preguntas concretas se le pusieron imágenes relacionadas con su paso por La isla de las tentaciones. Para saber cuánta ciencia hay detrás de esta máquina, hay que tener en cuenta qué hace cada una de estas herramientas por separado.
Electroencefalograma: mide la actividad eléctrica del cerebro. Esto es posible gracias a que las células cerebrales se comunican a través de impulsos eléctricos que no se pueden controlar y esta actividad involuntaria se mide con unos electrodos colocados en el cuero cabelludo.
GSR: es una prueba de respuesta galvánica de la piel en la que se mide la variación en las características eléctricas de la piel. Por ejemplo, la sudoración del cuerpo no siempre es la misma ya que cambia según la situación a la que uno se está enfrentando.
Cardio: se miden las pulsaciones cardíacas y los cambios ante los diferentes estímulos mediante un oxímetro en los dedos.
Codificación facial: Cualquiera que haya visto la serie Miénteme sabe de qué estamos hablando: microexpresiones. Una cámara monitoriza los cambios en los músculos de la cara para saber qué emociones está sintiendo el sujeto. «Está basada en unos protocolos científicos publicados por Paul Ekman, con un grado de precisión muy alto, y por tanto no estamos ante un fake o algo así. Se pueden predeterminar emociones básicas como alegría, sorpresa, enfado, asco, desprecio…», señala Graña.
Pupilometría: las pupilas cambian de tamaño según los estímulos que perciben.
Movimientos de cabeza: realizamos pequeños movimientos de cabeza de forma involuntaria y que son casi indetectables que reflejan miedo, confianza, tristeza, sorpresa o enfado.
Registro visual: el lugar en el que uno fija la mirada cuando le ponen una serie de imágenes y se mide mediante una electrooculografía, que registra el movimiento ocular.
El dato más importante, apunta Graña, salía del electroencefalograma: «El dato de las conexiones neuronales, ese es el dato principal que estábamos utilizando». «El facial coding la estábamos utilizando como complementario en este caso. Otro instrumento importante que estábamos usando era la medición de cuánto, más o menos, se está emocionando el sujeto a través de la respuesta eléctrica de la piel y el ritmo cardíaco. Esto ya va más en términos del polígrafo, como se suele conocer en la audiencia», indica.
¿Máquina de la verdad?
Lo primero que tenemos aquí que decir es que no, no estamos ante la nueva máquina de la verdad, por suerte para algunos y desgracia para otros: «Hay veces que se ha confundido que somos una especie de máquina de la verdad y no es así, para nada. No tenemos nada que ver», afirma Graña. «Podemos predeterminar si la persona está diciendo más o menos la verdad, pero no era nuestro objetivo ni nuestra misión. Nosotros dábamos un dato objetivo que salía del cerebro de las personas y está relacionado con su estado emocional. La interpretación que hay detrás se dejó en manos de los colaboradores; nosotros damos el dato y ellos luego lo interpretan», explica el CEO de Neurologyca.

«Buscaban una empresa que se dedicara al estudio del consumidor con la neurociencia y nosotros en el mercado somos, posiblemente, los más reconocidos en este momento en la investigación de mercado. Y ese fue el motivo por el que nos llamaron», explica a Hipertextual.
Aunque han «trasladado los protocolos científicos» del neuromarketing a la Estación neurológica, «no son exactamente igual, no tienen demasiado que ver», indica este experto. «Cuando hacemos investigación de mercado trabajamos para la marca, las marcas de consumo nos contactan para poder entender mejor las reacciones de los consumidores, las preferencias, los valores emocionales, sus respuestas inconscientes ante productos nuevos, ideas nuevas, publicidad, etc. Esto es lo que hacemos normalmente y detrás de esto hay una base científica. Sometemos a las personas a una monitorización emocional, les hacemos una serie de preguntas, investigamos…». Así pues, han usado estos protocolos que se usan con los consumidores para hacerlo con famosos. «Los resultados no tienen por qué variar, estamos haciendo la misma analítica y decodificación de datos emocionales en un lado que en el otro y de la misma manera. Desde el punto de vista metodológico no cambia demasiado», afirma. «Lo que sí cambia el objetivo final: uno es objetivo de mercado y el otro, espectáculo de la televisión», comenta.
Durante el programa en el que participó el propio Graña, en ningún momento él señaló si la persona decía la verdad o no, pero sí se hablaba de emociones positivas o negativas ante la pregunta y las imágenes que se le presentó a Rubén. «Una cosa puede ser lo que sientes y otra cosa, lo que dices. Puede que lo que dices conscientemente sabes que es verdad o no, o puede que conscientemente digas algo que es verdad y, en realidad, no lo es. Es más complejo de lo que parece. No era una prueba del polígrafo aunque sí era una herramienta que estábamos utilizando», indica Graña. «Estábamos viendo cómo reaccionaba emocionalmente Rubén cuando volvía a ver sus vídeos de La isla de las tentaciones. Estábamos viendo qué emociones les suscitaba: si era más desprecio, alegría, odio, rencor, neutralidad e indiferencia… Eso es lo que estábamos viendo», añade. Por tanto, la verdad era algo más segundario, ya que lo que la Estación neurológica «estaba diciendo era si la persona se activaba emocionalmente o no se activaba», es decir, si ante las imágenes tenía «emociones positivas o negativas de baja intensidad», aunque lo que a ellos realmente les interesaba era «cuando los tenían en alta intensidad».

«Cuando hablamos de emociones positivas o negativas hay que tener en cuenta que estábamos con muchas tecnologías a la vez, había ahí decenas de miles de datos emocionales y teníamos que resumirlo en unos minutos de programas y, muchas veces, lo simplificábamos hablando de emociones negativas o positivas, hacíamos un comentario agregado. Luego, obviamente, esas emociones positivas o negativas podían desagregarse y hablar más en detalle de todas ellas, pero era un poco complicado desarrollar un discurso excesivamente científico en esas circunstancias. Por eso simplificábamos el discurso y lo hacíamos entendible o comprensible para todo el mundo», explica el CEO de Neurologyca.
Además, debido al poco margen de análisis que tuvieron en el directo, la información que se aportó fueron «los titulares más importantes, los datos principales». «Teníamos un equipo detrás, subíamos los datos a la nube, y un equipo de personas (neuropsicólogos, jefes de análisis…) decodificando los datos rápidamente y dándonos esos datos que necesitábamos. No es que en el directo la máquina de la pantalla nos estuviera diciendo ya lo que le estaba pasando, no es tan sencillo. Si tenemos en cuenta que fueron siete preguntas, había miles de registros emocionales», explica este experto. En realidad, para tener datos mucho más concretos «esto llevaría unos días hacerlo en profundidad, pero nos quedamos solo con esos titulares, aunque se podría entrar en más profundidad con más tiempo». De todas formas, debido a la mecánica del programa, bastante más dinámica de lo que exigiría la rigurosidad científica, habría sido imposible comentar más datos.
Durante la entrevista realizada este martes por teléfono, Juan Graña señalaba que «a día de hoy no sé si vamos a seguir participando» en el programa. Por un lado, la productora tiene que ver la «aceptación» que ha tenido en el programa este espacio y, por otra parte, «nosotros también tenemos que ver cómo puede ser esto interesante para nuestra marca». Este mismo miércoles «todo apunta a que le quieren dar continuidad», indica Graña.
«Nuestra marca tiene un prestigio ahora y lo que estamos tratando es de tratar de dar una respuesta racional, científica y seria en un mundo que no lo es tanto. Lo que queremos es que ese equilibrio se pueda mantener, queremos que se nos siga viendo como lo que somos: una empresa seria haciendo nuestro trabajo. Eso es muy importante para nosotros. Desde mi punto de vista esto es lo que tenemos que analizar para continuar», afirma. «Las personas de la productora son magníficas, muy amables, comprenden perfectamente nuestra postura y nos apoyan, desde ahí ya solo queda ver los futuros que podemos construir juntos». concluye Graña.

¿Por qué el polígrafo no se admite como prueba en juicios?
La Estación neurológica va más allá del polígrafo, pero tiene una base en esta herramienta que, además, ha sido muy utilizada en otros programas del grupo Mediaset. Aunque se ha usado con un fin de entretenimiento, en algunos lugares el polígrafo se utiliza como prueba en juicios. Sin embargo, en España no se admite, pero ¿por qué? ¿No es fiable el polígrafo?
La fiabilidad del polígrafo «ha sido objeto de críticas por los expertos, al considerar que existen seres humanos capaces de controlar sus emociones, y por ello, dicen, escapan al polígrafo los sujetos hiperactivos incapaces de verse afectados por la diferenciación entre preguntas relevantes y las que son de control», explican Gómez Pavajeau y Farfán Molina en el artículo El polígrafo y su utilización como acto de investigación en el derecho sancionatorio (2014). «Además, la psicología de cada persona es distinta y no todos actúan igual ante los mismos estímulos, pues el mayor o menor nerviosismo o incomodidad que para cada persona en concreto supone este tipo de pruebas, implica reacciones muy difíciles de discriminar», indican
Pero no es solo un tema de fiabilidad. «En España, al igual que en Alemania, Italia y Francia, no se admite como prueba válida ante los Tribunales. Los Tribunales españoles consideran que el polígrafo convierte al acusado en objeto del proceso, afecta la inviolabilidad de su conciencia y constituye una especie de cuasi-tortura, por lo cual con su aplicación se afecta el principio de proporcionalidad, en cuanto implica una injerencia o ataque a la indemnidad psicofísica del examinado», apuntan en este mismo artículo.

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