Espacio: mañana se embarca hacia Cabo Cañaveral un nuevo satélite argentino, el Saocom 1B

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De Josefina Peres, jefa de proyecto
Saocom, de la
Comisión Nacional de Actividades Espaciales (
Conae), puede decirse sin temor a exagerar que lleva la pasión por los
satélites en la sangre. «Mi papá, físico de la Conae, integraba el grupo que lanzó los Saocom -cuenta-. Murió en enero de 2005 y en diciembre yo entré a trabajar en la misión».

Fue nada menos que el amor a los Saocom lo que llevó a esta ingeniera electrónica, porteña de nacimiento, a vivir a Bariloche, donde además encontraría a su pareja, casualmente en la firma rionegrina Invap, contratista principal del proyecto.
En vísperas de la partida de una nueva perla de la familia satelital argentina a Cabo Cañaveral, sus emociones oscilan entre el entusiasmo y la ansiedad: «Tengo el privilegio de haber atravesado una misión de altísimo nivel de punta a punta: desde el comienzo hasta la puesta en órbita. ¡Cómo no sentirme orgullosa!», exclama.

Ya en plena campaña de lanzamiento, previsto para el 30 de marzo, desde mañana y hasta el sábado a la madrugada, Peres y su equipo supervisarán el embarque del sexto satélite argentino en un Antonov AN124, uno de los cuatro aviones más grandes que existen. El aparato, embalado en su contenedor, es un prodigio de complejidad tecnológica que pesa tres toneladas, pero viaja acompañado por 90 cajas de equipos que suman 42 toneladas en total.

«Al llegar a destino, se instala, se enciende, se hacen todas las pruebas y una vez que esa etapa termina empieza la integración al lanzador. Todo esto dura alrededor de 40 días -explica Peres-. Hay una semana de operaciones conjuntas hasta que se lo traslada a la plataforma y en los últimos días se hace un ensayo coordinado entre el Centro Espacial Teófilo Tabanera (la estación terrena que lo telecomanda), en Córdoba, y los Estados Unidos, en la que se simulan todas las operaciones. El 30 es el primer ‘día verde’ para lanzarlo en función de la trayectoria de la constelación Siasge (integrada también por cinco aparatos de la Agencia Espacial Italiana) y del cronograma del lanzador».
El segundo Satélite Argentino de Observación con Microondas es hermano mellizo del lanzado en octubre de 2018, el Saocom 1A. Fue desarrollado por la Conae y fabricado principalmente en las instalaciones de Invap, pero también participaron empresas como VENG y otras compañías tecnológicas y organismos del sistema científico, como la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Grupo de Ensayos Mecánicos Aplicados (GEMA) y el Instituto Nacional del Agua (INA). «Intervinieron aproximadamente 80 empresas e instituciones, 900 personas, durante unos cuatro millones de horas/hombre -subraya Peres-. Idéntico a su hermano mayor, este aparato empezó a construirse en 2015, pero se integró en seis meses desde que llegó la antena. El equipo trabajó muy duro.
¡Chapeau!» .

Visión de microondas
Su principal equipo activo es un radar de apertura sintética (SAR, por sus siglas en inglés) que trabaja en la porción de las microondas del espectro electromagnético, particularmente en la banda L. Su antena, de 35 m2, está compuesta por siete paneles, formados cada uno por un conjunto de 20 miniantenas. Solo ese dispositivo tiene 140 computadoras y kilómetros de cables.

A diferencia de lo que ocurre con las misiones ópticas, este dispositivo le permite obtener mapas de la humedad y la topografía del suelo de noche o de día y aunque esté despejado o nublado.
Con esa información se pueden elaborar índices de sequía, hacer monitoreo de bosques, mapas de pendientes, identificar puntos de acumulación de agua, de humedad en superficie y hasta dos metros de profundidad, todos datos vitales para la producción rural.

Además, también detecta cambios en las estructuras urbanas, riesgo de inundación, de incendio, de invasión de insectos, plagas, alertas de enfermedades endémicas, de erupciones volcánicas, cuantificación de daños por desplazamientos de terreno, problemas de infraestructura y hundimientos.
«El desarrollo de toda la misión fue un desafío muy importante para el país, porque no teníamos conocimientos previos para la construcción y puesta a punto de satélites de este tipo. Dominar la tecnología de observación con radar es un gran avance que nos da independencia y soberanía tecnológica», afirma en un comunicado del Ministerio de Ciencia Laura Frulla, investigadora principal de la misión.

«Será liberado en una órbita un poquito más baja que la definitiva por un cohete Falcon de la compañía SpaceX -cuenta Peres-. Después hay una etapa que se llama ‘de adquisición de órbita’ hasta que llega a su posición final, a unos 600 km de altura y a 180 grados de distancia del Saocom 1A, lo que nos permitirá una mayor frecuencia de revisita».
Según el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, «hay un interés muy grande en retomar a la ciencia como un elemento importante para el desarrollo social y relanzar los proyectos del área satelital, nuclear, biotecnológica…».
Y concluye: «Recibí al embajador de Italia y me propuso que avanzáramos en la comercialización de las imágenes».

En la cuenta regresiva: rumbo a los Estados Unidos
El Saocom 1B, hermano «mellizo» del 1A (lanzado en octubre de 2018), lleva al espacio una compleja tecnología de observación de la Tierra. El radar de apertura sintética, que trabaja en la porción de las microondas del espectro magnético, en la banda L, permite obtener información de la superficie terrestre en cualquier condición meteorológica u hora del día. En él trabajaron más de 80 compañías e instituciones del sistema científico, y unos 900 técnicos, científicos e ingenieros.

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