Coronavirus y psicología: cómo afrontar y superar el miedo al contagio

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Es el centro de casi todas las conversaciones. Hoy en día no se habla de otra cosa. El coronavirus se ha convertido en un problema global que afecta a miles de personas en todo el mundo y se teme ya que evolucione hacia una pandemia de dimensiones hasta ahora desconocidas. Y es que de China ha pasado ya a otros países como Corea del Sur, Irán o Italia, un país que sentimos aún más cercano, ya en Europa. Y precisamente esa cercanía hace que, de forma inconsciente, aumente el miedo o la fobia al contagio. Unas emociones que debemos controlar, tal y como apuntan los psicólogos, para no caer en el pánico y afrontar la situación de la mejor manera posible. La doctora Encarni Meroño Sánchez, de Mundopsicologos.com, ha abordado cómo gestionar la ansiedad y preocupación por este problema de salud y cómo superar el miedo al contagio.

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Así nos afectan a nivel psicológico las epidemias

Y es que la experta parte de la base de que no hay nada más contagioso que el miedo. «Estos días se habla mucho en los medios de las consecuencias médicas y económicas-sociológicas del virus, pero no debemos subestimar las consecuencias psicológicas que generan las epidemias. La sobreinformación provoca en algunas personas una preocupación excesiva a enfermar o morirse”, explica la experta. Ella misma apunta hace reacciones que considera fuera de lugar, como puede ser aislar a los ciudadanos chinos de nuestro entorno sin motivo, no entrando por ejemplo a sus negocios, así como evitar subir en el transporte público, o llevar mascarillas sin sospecha de tener la enfermedad ni haber estado en contacto con enfermos.

Y es que la psicóloga apunta a que las precauciones que deben tenerse en cuenta pueden volverse en nuestra contra cuando estas se convierten en una obsesión innecesaria. “Lo lícito es informarse sólo de fuentes serias como la página de la Organización Mundial de la Salud para evitar propagar bulos perniciosos”, apunta sobre un hecho muy habitual en este tipo de situaciones que generan alarma social. Se busca y se comparte información en ocasiones sin contrastar. Así, la doctora Meroño Sánchez explica que hay que evitar el interés por las informaciones alarmistas. “Pensemos que cuando una noticia es negativa se la suele reiterar muchísimo más que cuando es positiva, además hay medios que alimentan el morbo pues viven de ello, como ciudadanos tenemos que ser críticos y reconocer esto”, comenta. «La prensa debe ofrecer una información veraz, suficiente y de manera continua para evitar los rumores y bulos que tanto daño hacen. La información veraz es el arma para combatir el pánico», explica la experta.

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¿El miedo al contagio se puede superar?

En opinión de la doctora, el miedo es una emoción normal y necesaria como todas las demás. “Es una reacción fisiológica de defensa y adaptación que activa el estado de alarma ante potenciales amenazas. Hasta aquí sería útil y funcional, pero hay un miedo que ya no es adaptativo: cuando se trata de una reacción desproporcionada por intensidad y frecuencia y limita nuestra actividad cotidiana”, añade, y explica que para superar el miedo al contagio del virus como al igual que ocurre con otro tipo de miedos lo primero es aceptarlo. “Utiliza este miedo sólo como herramienta para motivar rutinas de autocuidado razonables. Hay que diferenciar también entre miedo y fobia. Cuando se trata de fobia lo recomendable es que acuda a un profesional de la psicología porque en este caso la ansiedad es tan elevada que hará difícil que la persona por sí sola se autocontrole”, cuenta.

Eso sí, nos explica que el miedo en sí no tiene por qué ser malo, es una reacción humana y el umbral es distinto en cada persona. “El miedo no solo lo generan las situaciones reales sino también nuestros pensamientos como cuando le damos demasiada importancia a algo y pasamos mucho tiempo pensando en ello”, nos dice. La clave está en controlar las emociones para que no se conviertan en psicosis. ¿Cuáles son sus recomendaciones para intentar conseguirlo? “Valorar nuestra situación real, si hemos estado expuestos o no al virus. Si la respuesta es negativa, no hay que preocuparse. No anticiparnos a lo negativo ni recrearnos en el miedo. Vamos a hacer las cosas que hacíamos antes, llevar la misma rutina y sólo cuando los expertos y autoridades digan que no podemos hacer algo, entonces actuar”, apunta. Se refiere además, a la importancia de seguir con nuestras rutinas habituales. “Si vamos al trabajo en el autobús sigamos cogiéndolo, acudiendo a los mismos lugares de ocio, no excluyamos a nadie sin un motivo, que el miedo no nos pare o podemos caer en una situación de agitación emocional sin equivalencia con la realidad. El miedo surge del desconocimiento y por eso es importante seguir una estrategia informativa adecuada, evitar aislarse manteniendo una vida social normal, no involucrarse en conversaciones donde cada uno aporta más alarma, evitar transmitir miedos. Ya sabemos que nada hay más contagioso que el miedo”, puntualiza.

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Cambio de nombre para evitar el estigma

El problema adquiere multitud de derivadas, también desde el punto de vista sociológico, que han llevado incluso a cambiar la forma de nombrar el virus para evitar estigmatizar a una población o país. Así, la Organización Mundial de la Salud ha decidido dar un nombre distinto a este fenómeno, catalogado como un virus que puede crear más trastornos políticos, económicos y sociales que cualquier ataque terrorista. Así, el coronavirus de Wuhan, en referencia a la localidad china considerada la ‘zona cero’ del problema, es oficialmente “Covid-19”, según decidieron 300 expertos reunidos en Ginebra, conscientes del poder de las palabras. “Según el socioconstruccionismo, una de las corrientes teóricas de la sociología, “la palabra crea la realidad”. Ante el riesgo actual que provoca el Covid-19, un organismo tan ilustre y reconocido como la OMS, procura cuidarnos socialmente desde el uso del lenguaje, aunque probablemente este renombre sea poco utilizado en conversaciones locales, la intencionalidad de las altas esferas es una invitación a tomar conciencia de nuestro lenguaje”, afirma la socióloga Alicia Aradilla.

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