Siete técnicas que funcionan para ayudar a los niños a relajarse y autorregular su comportamiento

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Durante los primeros años de la infancia es frecuente que los niños tengan comportamientos impulsivos o estallen en rabietas cuando menos lo esperamos. Aunque estos comportamientos son fruto de la inmadurez y suponen una etapa más en su desarrollo, son varias las soluciones que podemos aportarles los adultos para ayudarles en su control emocional.

En Bebés y Más hemos hablado en numerosas ocasiones sobre técnicas que pueden ayudar a los niños a autorregularse y alcanzar un estado de calma, y hoy os las resumimos en este práctico artículo.

La técnica de la tortuga

La ‘técnica de la tortuga’ usa como ejemplo a este animal, que se repliega en su caparazón cuando se siente asustado o amenazado. De este modo, y siguiendo el mismo comportamiento de la tortuga, se pretende enseñar al niño a replegarse en su caparazón imaginario cuando la situación le desborda o desata su ira, de manera que logre volver a un estado de calma.

Este método de autocontrol está especialmente dirigido a niños desde los tres a los ocho años, aunque según los expertos puede ser válido para niños de cualquier edad, funcionando muy bien entre aquellos con un alto grado de impulsividad y TDAH.

En este artículo te contábamos cómo poner en práctica este método, para que una vez que el niño haya alcanzado la calma, podamos ayudarle a encontrar estrategias que solucionen el conflicto.

El método de la rana

El método de la rana es un método de meditación creado especialmente para los niños pequeños por la terapeuta holandesa Eline Snel, autora del best seller ‘Tranquilos y atentos como una rana’. Este libro contiene ejercicios de respiración y relajación para niños centrándose en la atención.

El símbolo de la rana tiene su razón de ser, ya que es fácil seguir la respiración este animal, que además es capaz de permanecer quieto durante mucho tiempo mientras continua atento a su entorno. Solo se mueve cuando es necesario dando un gran salto, dando a entender que podemos estar muy quietos pero nuestros pensamientos pueden dar grandes saltos.

En este artículo te explicábamos cómo poner en práctica la técnica de la rana y qué ejercicios podemos hacer con los niños para guiarles hasta un estado de relajación y atención plena.

El frasco de la calma

El frasco de la calma es una herramienta de inspiración Montessori que pretende ayudar al niño a gestionar sus emociones desde la concentración, la respiración y el acompañamiento emocional.

A simple vista, el frasco de la calma no es más que tarro de cristal lleno de agua con purpurina, pero a efectos prácticos es mucho más:

La purpurina agitándose de manera incontrolada en el agua nos ayudará a establecer un símil con las emociones que el niño está sintiendo (rabia, ira, nervios, ansiedad…). Cualquier emoción es normal y tenemos derecho a sentirla, pero es necesario que poco a poco vayamos volviendo a la calma para encontrarnos bien y mantener el equilibrio (como hace la purpurina a medida que el agua se va calmando).
Además, el efecto hipnótico de la purpurina moviéndose a través del agua y depositándose suavemente en el fondo ayudará al niño a concentrarse, favoreciendo la relajación y su respiración profunda.
El niño nunca debe utilizar el frasco de la calma solo, pues cuando son pequeños necesitan el acompañamiento respetuoso de un adulto que les haga entender lo que están sintiendo. Y mientras acompaña y guía al niño, el adulto también podrá beneficiarse de los aspectos positivos de esta herramienta.

El rincón de la calma

Muy similar al ‘frasco de la calma’ tenemos también el ‘rincón de la calma. Consiste en un espacio físico que decoraremos y ambientaremos junto al niño para transformarlo en un lugar acogedor y cálido, al que el niño pueda retirarse de forma voluntaria para sentirse bien ante momentos de ansiedad, nervios o situaciones que le desborden.

Al igual que en el caso anterior, es importante que los niños pequeños siempre permanezcan acompañados de un adulto mientras están relajándose en este rincón, pues el acompañamiento emocional en este tipo de situaciones es fundamental. Tras un tiempo en el rincón de la calma, el niño se sentirá más relajado y será más fácil retomar el diálogo y buscar soluciones al problema que haya surgido previamente.

El rincón de la calma nunca debe usarse como castigo, ni obligar al niño a acudir a él. Además, mientras el niño permanezca en este espacio de forma voluntaria, no criticaremos, juzgaremos ni hablaremos del problema en cuestión.

La respiración consciente

La respiración es un método infalible avalado científicamente para calmar a un niño ansioso. Algo tan simple como respirar de forma calmada y consciente funciona muy bien para tranquilizar a los niños cuando se enfadan, se sienten tristes o pierden el control.

Existen tres técnicas de respiración que podemos poner en práctica para ayudar al niño a calmarse:

Técnica del 5-2-6: que consiste en inspirar contado hasta 5, mantener el aire contando hasta 2 y soltarlo lentamente contando hasta 6.
Técnica del globo: inspirar por la nariz lentamente al tiempo que levantamos los brazos, y soplar poco a poco simulando que estamos inflando un globo al tiempo que descendemos los brazos.
Técnica de la flor: simular que sostenemos una flor entre los dedos y estamos oliendo su perfume. Inspirar profundamente por la nariz, y expulsar el aire poco a poco, controlando el ritmo de la respiración.
El Mindfulness

El mindfulness se puede relacionar con el yoga, la meditación, el control de la respiración, las técnicas de relajación… Es un término que hace referencia a la atención plena con la que realizamos cualquier actividad.

No cabe duda de que poner toda nuestra atención en lo que hacemos ‘aquí y ahora’ tiene grandes beneficios para la vida y para nuestro papel de padres y educadores; de manera que si los niños son criados y educados estando «realmente presentes» estaremos transmitiéndoles una valiosa lección de vida.

Y es que mediante nuestro ejemplo es la mejor forma de enseñar mindfulness a los niños, aunque hay otras prácticas que podemos poner en marcha desde casa y de las que os hablábamos detenidamente en este post. Entre ellas destacaría la importancia de enseñarles a poner nombre a sus emociones, tomar conciencia de su cuerpo y sus movimientos, poner en práctica algunas asanas adaptadas a su nivel y focalizar toda su atención en cualquier actividad cotidiana que realicen.

El autocuidado

El autocuidado no solo es la base principal de una autoestima sana y de una correcta relación con los demás, sino que las actividades cotidianas de aseo e higiene también ayudan a fomentar la atención plena y a alcanzar un estado de calma.

Para sentirnos bien necesitamos cuidarnos, tanto físicamente (cuidando y protegiendo nuestro cuerpo) como también emocionalmente. Pero este autocuidado debe empezar a edades muy tempranas, haciendo al niño partícipe de la importancia de dedicar unos minutos al día a uno mismo. Y ¿cómo podemos hacerlo?:

Enseñándoles a identificar las partes de su cuerpo y a llamarlas por su nombre
Enseñarles a quererse y respetarse
Respetar sus propios ritmos madurativos
Fomentar su autonomía en el aseo diario, permitiéndoles hacer actividades acordes a su edad (elegir su ropa, lavarse los dientes, enjabonarse, lavarse las manitas… lógicamente, bajo supervisión adulta cuando sea necesario)
Enseñarles a conectar con sus necesidades físicas; es decir, aprender a escuchar a su cuerpo y lo que demanda en cada situación
Procurar momentos de relax y silencio asociados a rutinas diarias de aseo (por ejemplo, enseñarles a disfrutar de un baño en silencio, conectando con ellos mismos)

Fotos | iStock

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